Paseando por Rio me encontré con una expo de un personaje del cual conocía bien de nombre pero poco de su Obra. El personaje en cuestión es Roberto Burle Marx, un genio.
Pintor, escultor… Roberto Burle Marx está considerado como uno de los mejores paisajistas modernos. Asociado generalmente al célebre paseo de Copacabana, o sus jardines en Brasilia o al jardín de la cubierta del Ministerio de Sanidad y Educación en Sâo Paulo, sus obras son poco conocidas fuera de Brasil, tanto para el gran público como para la mayoría de profesionales. Músico, paisajista y artista plástico, en sus jardines convergen la pintura, la escultura y la arquitectura. Sus proyectos muestran una gran habilidad para integrar los espacios construidos y los elementos naturales; su organización del paisaje resalta los valores plásticos de las especies vegetales procedentes de sus expediciones por las diversas regiones brasileñas
Antes de la llegada de Burle Marx, el paisajismo brasilero no era más que una importación de proyectos y plantas europeas, pero el logró a través de la organización de las plantas nativas según los principios estéticos de la vanguardia artística, especialmente el cubismo y el arte abstracto, crear una nueva gramática moderna para el diseño de paisajes internacional.
Burle Marx siempre se vio a sí mismo, ante todo, como un pintor. El diseño paisajístico, escribía en cierta ocasión, “no es más que el método que he encontrado para organizar y componer mis dibujos y pinturas, utilizando unos materiales menos convencionales.
El rostro de Rio de Janeiro lleva su huella, el parque Aterro do Flamengo, el más grande de Río y que se ubica junto a la bahía, construido sobre un paseo marítimo ganado al mar, es un ejemplo inicial de uno de los proyectos más característicos de Burle Marx. Pero, en lo que a líneas de costas escarpadas se refiere, no hay nada que supere los paseos de Copacabana, con sus coloridos mosaicos abstractos de piedra que se extienden ininterrumpidamente en toda la longitud de la playa. Partiendo de los pisos superiores de los edificios que bordean la Avenida Atlántica, Burle Marx parece haber pintado un único lienzo de casi cinco kilómetros de largo, obra que solo se puede apreciar en toda su dimensión si se tiene un helicóptero o más fácilmente con Google Earth. Aunque le gustaba diseñar jardines para sus amigos, lo que más le satisfacía era trabajar en espacios públicos. Solía decir que cuanto más grande y abierto era un proyecto, más le gustaba, porque podía disfrutarlo gente de todas las clases sociales.
Este hombre, fue uno de los tantos fenómenos que ayudaron a construir la identidad del Brasil moderno, no es difícil imaginarse a la gente disfrutando de una Bossa Nova de Joao Gilberto en una plaza diseñada Burle Marx mirando a un edificio de Oscar Niemeyer.






